lunes, 2 de enero de 2012

DE PRÍNCIPES Y PRINCESAS.

Estoy observando a los niños en el recreo; veo sus juegos, sus risas, sus miradas...como se relacionan, la confianza que existe entre ellos. Existe mucho contacto físico -¡aprovechad chic@s ahora que podéis!-. Tan naturales, tan puros, no hay duda, no hay desconfianza, no hay prejuicio... No han empezado a competir, tienen todo lo que necesitan satisfecho por sus padres: comer, beber, dormir y jugar.Sus vidas no se han empezado a enmarañar, a ensuciar, a envilecer, a entristecer con fracasos, desamores, decepciones, envidias, engaños... Hasta la fecha, el mundo es ideal. Son felices idílicamente.

Pienso que a medida que crecemos y nos vamos escabullendo del manto protector de nuestros padres, conforme nuestros anhelos y necesidades se van multiplicando, volviendo más complejos y a menudo más confusos y si a esto le sumamos que ya nadie nos va a regalar nada, que tenemos que ganárnoslo nosotros y en ocasiones rivalizando, luchando, compitiendo con el medio, con el tiempo -"contrarreloj"-, con otras personas, con nosotros mismos -nuestros miedos e inseguridades-...entonces cada vez más ese mundo perfecto en el que casi siempre triunfábamos, fantaseábamos y soñábamos metamorfosea y se torna en "la cruda realidad" -y es verdad, porque no nos la dan cocinadita para que la dijeramos mejor- en la que tenemos que procurarnos desde el pan -algo tan elemental y tangible- como hasta el AMOR -algo tan...-. Aparecen la infelicidad, la frustración, la insatisfacción y en el peor de los casos se vuelven crónicas. La vida ahora parece más una carga que otra cosa, se vuelve tosca, densa, ha dejado de ser fluida, rosa y azul, luminosa y transparente, dulce y templada.

Es entonces cuando tratamos de recuperar a toda prisa esa felicidad ideal de antaño y tratamos de salpicar nuestra vida con momentos de ella, de placer, de risas y satisfacción, llantos y emoción... Pero, aunque por momentos nos aproximemos, las cosas ya no son como antes, ya nada sabe como al principio...el primer beso, el primer orgasmo, el primer SÍ, la primera victoria, el primer logro... Luchamos por mantenernos a flote y sí, podemos ser felices o así creerlo pero...ya estamos manchados, heridos, ya lo hemos ensuciado todo. Podemos reconstruir "el castillo en el aire", la fortaleza inespugnable, no sin deshacernos en el empeño, pero este castillo de príncipes y princesas, hadas, bruj@s, lobos, ogros, amor y besos, inocencia, caricias, abrazos y te quieros, ya nunca será el mismo. Este reciclado, restaurado, reinventado, presenta fisuras, fugas, goteras...las cuales trataremos de apañar, disimular, arreglar, enmendar, corregir, ocultar, durante el resto de nuestras vidas.

Salud y suerte. AMOR.

Henry Chinasky.

No hay comentarios:

Publicar un comentario