A y yo hacíamos el amor por el día, en cuanto encontrábamos la situación propicia para ello. Si nos quedábamos a solas en algún sitio desde donde podíamos ver a los demás, aprovechábamos para precipitarnos en una espiral de besos y caricias desenfrenados, sexo oral y salvajes cópulas hasta el orgasmo que como por arte de magia, sincronizábamos en un punto y final a nuestra líbido desbordada, clímax apoteósico. Todo encajaba a la perfección, todo fluía. Pero después de la primera noche las cosas empezaron a cambiar.
A la mañana siguiente oimos un grito desgarradory todos corrimos a la habitación de A guiados por las ondas sónicas que todavía reverberaban el el ambiente...Esta yacía en la cama llorando, con la mandíbula desencajada por el gesto mezcla de dolor y´pánico mientras asía uno de sus antebrazos por la muñeca de la que pendía su mano. En seguida me di cuenta de que a esa mano le pasaba algo, parecía estar incompleta. Al lado izquierdo de la cama había una enorme mancha roja ovalada sobre la cual se observaba algo que no llegaba a acertar. Me acerqué a la cama y lo vi claro: era un dedo. A su mano izquierda le faltaba el dedo meñique. Su mano ya no sangraba porque ya lo había hecho lo suficiente hasta formar esa majestuosa pintura abstracta color grosella y lo que había sobre ella era un dedito de mi amante. Caras de asombro, repulsión , asco, temor, pánico, entre los que allí nos encontrábamos. La doncella que se desmalla al contemplar el dedo, yo abrazo a A. M no está, llega a los pocos minutos y al ver la macabra escena corre al baño a vomitar. Se escuchan las arcadas pero no el sonido del contenido gástrico al salir por la garganta y golpear la primera superficie que encuentra. Deduzco que no ha vomitado. Al instante caigo en la cuenta de que estamos incomunicados y de que quien haya pertrechado tal atrocidad debe estar en la casa, de hecho, debe ser uno de nosotros. esto mismo es lo que viene a decir M cuando sale con una toallita del cuarto de baño limpiandose la comisura de los labios y con la cara encendida por el esfuerzo emético. Sí, uno de nosotros, pero quién. Qué perfil psicológico de quienes estamos aquí encaja en el de un desalmado sádico capaz de hacer algo así???. este hecho insólito denota crueldad extrema, delirio, enfermedad, suma agresividad y peligrosidad para el resto.
La doncella, ya repuesta, empieza a curar a A que más calmada sigue llorando. Yo aprovecho para registrar en mi memoria visual como una fotografía el contexto, la escena que acabo de presenciar. Como es lógico el hermano de M, T, nos convoca a todos abajo con el fin de hablar de lo sucedido. Quien hayya sido, dice, debe ser descubierto, no podemos esperar a que caiga la noche.
Lo cierto es que llegó la noche y seguíamos sin saber nada.
A la mañana siguiente lucía un sol expléndido, la nieve estaba empezando a deshacerse. Aprovechando el paseo matutno del resto, A y yo lo hacíamos en la habitación de la doncella y sucedió algo inquietante. En pleno acto carnal, A y yo nos detuvimos al oir un ruido semejante a un punta pie que provenía del otro lado de la pared que quedaba a la izquierda de la cama. En un primer momento, aunque ambos nos apercibimos,lo dejamos de lado y continuamos a lo nuestro pero nada mas reanudar la faena otro sonido idéntico volvió a hacer vibrar nuestros tímpanos. Nos detuvimos denuevo, la saqué de dentro de A y me acerqué a la pared de donde venía el sonido justo a la altura de una cómoda encima de la cual había un cuadro con un retrato de T. De hecho, parecí haberse descolgao un poco con los golpes y decidí alinearlo un poco con la vertical y la horizontal pero se me escapó de las manos cayendo sobre la cómoda y de ahí al suelo. Una mancha rectangular idñentica al tamaño del cuadro quedó a la vista poniendo al descubierto el contraste por el paso del tiempo y la suciedad entre la pintura que había bajo el cuadro y la del resto de la habitación. Debía de hacer mucho tiempo que ese cuadro no se movía de ahí.
El cuadro, al caer al suelo se había dado la vuelta mostrando un agujerito del tamaño de un guisante solo patente desde ese lado pues al girarlo, el agujerito se camuflaba en el negro de la pintura que cubría esa zona de la imagen que coincidía con la pupila del ojo derecho del rostro de T.
Al ir a colgar el cuadro, al lado de una de las tres alcayatas que lo sodtenían, la que estaba en el centro, descubro otro agujerito, esta vez en la pared, de las mismas dimensiones que las del cuadro. Cada vez estaba más inquieto. Miré a A, se tapaba el cuerpo desnudo con una sábana. Tragué saliva y cojí mi pluma, atravesé el agujero del cuadro por la pupila de T y seguí atravesando con absoluta precisión y coincidencia ed medidas hasta que la pluma desapareció en la profundidad de la pared y cayó al otro lado de la habitación. Después de golpear contra el suelo, el sonido de unos pasos perezosos y un vehemente portazo al final.
Alguien nos ha estado espiando le dije a A que palideció, se vistió deprisa y corrió a abrazarme. Intentaba calmarla, pero temía por ella. Alguien le había amputado un dedo la noche anterior, alguien que ya sabía de sobra lo nuestro. La felicidad y la alegría se esfumaban, la angustia, el temor y la zozobra se abrían paso.
Quizá esta noche sea yo la víctima, ella no por favor. Pero M duerme conmigo, lo dudo. Querida mía, querida niña, te están haciendo pagar a tí por mi infidelidad, por tu amor hacia mi, por nuestro deseo, por tus sueños....ya estás triste. No hay derecho. Salimos de la habitación y me asombro al contemplar q al lado no hay nada, ninguna habitación,sólo una blanca pared, cómo es posible...
A y yo no volvimos a hablar en todo el día en un acuerdo tácito por mantener las distancias de momento...
Henry Chinasky.
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